
Será cierto aquel proverbio que dice, que a todos nos hubiera gustado tener un padre ciego; será que en cierto modo es como soñar que frente a ti en el metro abres tus manos como en señal de venir llegando. Será que el desconcierto te refleja como a un mundo de espejos y que yo sólo vengo a repetir lo que ya tu has oído en tus viajes por el bosque, que yo sólo vengo a sorprenderte con esas cosas ya sabidas, a volar, a arrojarte contra el viento, a tener un doble sentimiento, un gesto escondido, una bifurcación en el paisaje. Será que todos hemos tenido bastante tiempo para ello, que de cierta forma algo del pensamiento de la arcilla florece y se mueve dentro de tu mente libre y la recorre, como un estar en la torre, como asombrarse de sí mismo, a sabiendas, más allá del corazón de las estrellas; tal vez no saber tanto y presenciar tu sonrisa, la fuente de agua en tus manos, en tu frente un río y pájaros rojizos como fuegos volantes.
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René.
